Sergio Garval, pintor realista

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Hay exposiciones de pintura que pueden hacernos pasar un rato agradable por su suave elección de texturas, han de disfrutarse como un vino blanco o un vermut, sin aspavientos, sin complicaciones, evocando paisajes placenteros o buscando belleza en la luz a la manera de los impresionistas; otras tienen tonos más ásperos, como un tinto cabernet-sauvignon –o, mejor aún, un Paternina-, con graves búsquedas plásticas, abstractas arbitrariedades o fogosos entramados pictóricos a la saga de experiencias más saladas o dulces, condimentadas, incluso.

La pintura de Sergio Garval –medida en este improbable picturoscopio sensorial- podría calificarse como un banquete en toda regla: los formatos generosos que hacen entrar en crisis el concepto de “espectador” para volverse más bien “integrante” del cuadro, la pincelada segura y gestual, expresionista pero contenida y discernible, realista y cargada en materia, carnal en muchos sentidos, y con ese dejo de catástrofe suprarrealista que caracteriza el trabajo del autor: ambientes desoladores y absurdamente abiertos con pepenadores anodinos, semidesnudos y con aspectos de entes perdidos en sus pensamientos; papisas eróticas en actitudes apetentes; inundaciones y olas terribles que en nada recuerdan las de Hokusai… pero, sobre todo, esa abundante, apabullante, pervertida aglutinación de objetos de seudoarqueología clasemediera del siglo XX: figuras de peluche, cascarones de televisores, maletines, autos abandonados etc, que se reproducen por cientos en cada cuadro, pintados con lujo –neurótico- de detalle. Maravilloso.

La muestra abarca un periodo amplio de la producción del artista tapatío (Guadalajara, 1968) con piezas fechadas en 1996 hasta las de factura reciente, por lo que puede apreciarse una muestra suficientemente ilustrativa de la evolución de la paleta del pintor, sus rasgos propios, su dominio del oficio, que sin duda es portentoso y seguro, sobre todo en las de la última década.

Sergio Garval es uno de los mejores representantes de la pintura realista, una corriente que en Guadalajara es casi una denominación de origen y que a veces es fuertemente repudiada por artistas de otras corrientes en la ciudad tapatía, pero que no deja de producir autores excelentes y piezas de buena factura, que gozan de una excelente acogida en el mercado nacional e internacional, como es el caso del propio Garval y de pintores como Juan Carlos Manjarrez y José Fors.

La exposición “Pies de Ceniza” de Sergio Garval pudo verse hasta el 17 de septiembre en el Museo del Pueblo de Guanajuato. Luego, se fue. Lo mejor de la muestra: La pintura misma. Lo peor: Un monitor en la sala mostraba el video de una entrevista al autor, en el programa “El Milenio visto por el arte”, donde la inefable Avelina Lesper lanza como piquetes de mosco sus preguntas llenas de lugares comunes y fanfarronería seudo-erudita, interrumpiendo en cada oportunidad la respuesta del autor, para el lucimiento personal con reflexiones ramplonas y fuera de lugar. El autor se ve mal; incluso parece un loco al que han sacado de su encierro para dar una entrevista.

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